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7 jul. 2011

Correspondencia

...Y entonces me acordé de ti.
Me acordé de las esquinas de tu cara,
a mitad de camino entre tus orejas
y tu barbilla. Me acordé
de tu pelo negro equino. Me acordé
de tus muslos, con los vellos en corona.
De tus ojos, de tu vientre, de tus pies
erógenos, de tu pecho, de tu espalda
y de tu sexo.
Me acordé de tu tacto, de tu olor
a nada, del calor de tu pecho.
Me acordé de tu mirada, de tu voz
y tus abrazos y tu forma de ocupar
el espacio.
Me acordé de nuestra canción,
de nuestros polvos, de nuestras risas.
Me acordé de los enfados, de los lloros
y las reconciliaciones.
Me acordé de todo eso en un solo momento
y en ese momento supe que estaba vivo.
Por eso hipotecaría mi vida por ti,
por que si no te tengo la vida
no tiene sentido.

(Octubre de 2007)

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