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25 may. 2015

Salty forehead,
milky crystals,
splashing waves,
away-ing shores
worn-out soles,
boiling sand,
shiny foams,
citric sunlights,
lustful dunes,
lonesome me.


23 may. 2015

Labyrinth

Trois Gymnopédies sound at slow pace,
from behind the high brick walls surrounding a labyrinth.
There's no time, no clocks, befores, or afters;
just the rhythm of 3/4.

No naked children around, either.
No distractions, no taboos.
There aren't passions, second thoughts,
no repenting.

There's no clouds in the intense blue above.
There's no wind, there's no night, there's no north.
The sun stays still at 12 o'clock day, night, winter...
Forever hanging like a still burning pendulum.

The sun's golden celsius falls like a torture,
blurring the air into thick smegma
that melts the orange bricks, spammed against each other,
all day long boiled to boredom.

Several scattered weeds, dried out and long dead,
only company to the stone hallways
that lead nowhere —so empty there's not even
a shadow.

Now, wait a minute, that music...
Trois Gymnopédies? who's playing?
Is it that there's somebody trapped in there?
Is it that there's somebody trapped outside?

9 jun. 2013

Farewell

This, what you read, is like a message in a bottle, as idealistic as it is useless. While I write, I still hope, like Ariadna, that the same Teseo that abandoned me in this shore of this empty and heated beach, will ever change come to rescue me from this hell.

 This, what I write, flows out of my fingers as they interpret my deepest feelings, while the white of my notebook seems to mourn with every black I imprint on them. Everything tells me about you, the lonely parking, the cold linen, the wet floor, the empty sockets, the first thought of the morning, the walks back home and the hollowness of my summer calendar. They all torture me freely, impassively. They all speak out loud through an obstinate cacophony of sorrow, tons of stone laid down over my chest.

 When I see myself in a mirror, I look over my shoulder as if you were on my side. When I go to bed, I pretend that I never slept with you under these sheets. Where I see numbers, I see questions. Where I see laughs, I see lost encounters. When somebody asks about you, I still have to make up my mind and admit my place. When I am alone, I am still with you; and when I am close to you, I wonder how I can hear you from that far.

 It seems now that you have only been a tangent to the line of my life; I believed you were a parallel. I will never manage to understand these mathematics, for I have loved you through senses, assertions, future laughs and past fears, from strong shoulders and sincere feet. I have always rejected to love you from elsewhere rather than my guts, where my most determined, naïve, proud, and sincere truth is kept. I have preferred to open for you the windows of the visible and the invisible; to book the rest of my diary long-lasting stories of beauties.

 I blame that rational fear for its perverse plan to restore us to our initial and most severe condemn, that of the birth: the solitude. I also blame the gadgets of time, the months, the passing clouds, the kilometre and the waving hands. I blame the tables without candles, the unfinished sketches, and my room for not being in disarray. I blame the unconvincingness of the blank page and my soundless tears…

 But above all, I blame you. I blame you for your easy smile, for your deep respect, your curiosity, for your diligence. I blame your availability and your cares, and all the corners of your body. I blame how you catch the sun, how you look when its cold. I blame the good moments that we had, and the lack of bad ones. I blame you for being there, with me, those few months. But above all I blame you for your innocence.

 This might be the last letter of this kind that ever reaches you. Despite all, I wish you good luck in finding your way through the dark forests, through the cold winters. I wish you ever achieved a half-dream or a pseudo-‘I love you’, for I doubt that anybody can offer you a full deal of the magnitude I have given you.

 But please do not worry for my future. I have arranged my tears into my light luggage, and my memories in my backpack. I have smelt for last time, eyes closed, nose to the sky, the fragrance of that dreamed life with you; and have shelved the book with the coordinates of our lost paradise. I am ready to go, ready to leave towards a new adventure out of this lonely island. In my right hand I hold a telescope with determination, to see what is to come. In my trembling left hand, I hold with difficulties all my feelings for you, the irrefutable proof of what I have lived: the ultimate proof that I can love again.

 27th May-10th June 2013

2 sept. 2011

Siempre te eché de menos

Siempre te eché de menos,
aun cuando no te conocía.
Tenía entre mis recuerdos prenatales
tu risa
y tu enfado, por igual.
Echaba de menos un sitio al que todavía no había ido,
que todavía no conocíamos.

Busqué en el negro vértice
de la esquina negra ese lugar,
pero no era allí.
Lo busqué en el negro de las pupilas
de la gente negra de corazón,
en el hollín negro del humo negro,
en la negra escoria,
y en el vacío de espíritu.

Busqué ese recuerdo, de ese lugar olvidado,
de tu risa y tu enfado, por igual.
Lo busqué por todas partes,
como busca el perro a su dueño.
Como busca la loba a sus lobatos,
en la oscuridad de la noche.

Y fue en ese momento en que me viniste, tú.
Risueño, libre y encantado, y fui la envidia
de los que nunca te encontraron antes que yo.
Fui feliz de hallar todos los recuerdos de aquel sitio
en que nunca antes había estado.
Y ver que no eran ya recuerdos, sino realidades.

(Junio de 2009)

15 jul. 2011

Epílogo

Sabes bien que soy sincero. Es verdad que huyo, me escondo a veces, como sabiendo que de encontrarme, no podría resistirme a decir la verdad solamente. Es por eso que muchos que me conocen poco o mal piensan que soy un mentiroso, aunque a mí me gusta más pensar de mí como una persona transparente pero reservada.
Sabes bien que soy amante de la verdad, siempre la destapo y la vierto sobre la mesa, como derramándola de un recipiente lleno de palabras que se caen de los bordes y lo ponen todo perdido. Así es la verdad, así debe ser, pienso yo. O al menos mi verdad. Sabes también que cuando decido abrir ese bote, ya por que me veo acorralado o porque quiero un cambio, el olor de mis palabras puede durar días y no sólo en la habitación, también en nuestra piel. Incluso he percibido ese olor desagradable después de una charla de teléfono o una conversación virtual contigo. Siempre es la misma sensación. Me siento pegajoso y supongo que tú también, después de todo no soy yo el único que dice sus verdades aunque las tuyas son menos elaboradas...
Sabes bien que le doy mucha importancia a las palabras. Bueno, en realidad los gestos -las acciones- están por encima, pero normalmente tú no eres muy de gestos. Lo mejor que cabe esperar de ti cuando llega el momento de sincerarse es que trates de hacer que tus palabras se adhieran más fuertemente a la habitación y a mi piel. Tratas de debilitarme para que horas después acepte de ti el olor de cualquier ramo de flores -aunque sean de plástico- con tal de disimular el estropicio. Siempre que termino de hablar contigo sobre estas verdades acabo con la misma sensación de incertidumbre, normalmente mayor que la que me llevó a destapar mi particular caja de Pandora.
A veces, cuando hablo, me escuchas y dejas que me desangre lentamente de ideas. Entonces te plantas e incluso muestras tus dientes como dejando claro que no estás dispuesto a cargar con el peso de mis palabras, que al fin y al cabo son exageraciones mías... Prefieres dejarme aturdido y nervioso, como con un remolino de azúcar y cafeína navegando por mis venas y agitando mis vísceras. En ese momento no sé debajo de qué meterme, no sé si sería mejor parar el tiempo, rebobinarlo o hacer que pasara lo más rápido posible.
Busco entre mis recuerdos, que hace no mucho solían ser de ambos. Me empiezo a preguntar si tú los recuerdas tan bien como yo. Me pregunto por qué no te parecen lo suficientemente buenos como para empezar a limpiar hombro con hombro toda esta porquería que acabamos de dejar ahí, sobre la mesa, encima de otra porquería de días y días atrás. Me tendré que conformar perfumando un poco la habitación y tratando de disimular el desastre con un mantel y un jarrón vacío, suponiendo que vengas más tarde o mañana con un ramo de flores.
Entre tanto, ojeo los recuerdos y los álbumes de fotos de antes de que aparecieras en mi vida, como si buscase ya a alguien para reemplazarte... De repente llamas a la puerta, me nacen mariposas donde antes sólo había sangre hirviendo. Abro la puerta y me llama la atención tu sonrisa siniestra. Bajo la mirada y salgo de dudas: me has traído un ramo de flores de plástico, y en la casa sigue oliendo a vómito.

7 jul. 2011

Correspondencia

...Y entonces me acordé de ti.
Me acordé de las esquinas de tu cara,
a mitad de camino entre tus orejas
y tu barbilla. Me acordé
de tu pelo negro equino. Me acordé
de tus muslos, con los vellos en corona.
De tus ojos, de tu vientre, de tus pies
erógenos, de tu pecho, de tu espalda
y de tu sexo.
Me acordé de tu tacto, de tu olor
a nada, del calor de tu pecho.
Me acordé de tu mirada, de tu voz
y tus abrazos y tu forma de ocupar
el espacio.
Me acordé de nuestra canción,
de nuestros polvos, de nuestras risas.
Me acordé de los enfados, de los lloros
y las reconciliaciones.
Me acordé de todo eso en un solo momento
y en ese momento supe que estaba vivo.
Por eso hipotecaría mi vida por ti,
por que si no te tengo la vida
no tiene sentido.

(Octubre de 2007)

6 jul. 2011

Contradictio in terminis

Eres muchas cosas de mí,
sin saberlo.
Eres mi conciencia, mi sexo,
los remordimientos amargos,
los recuerdos.
Eres mi último verano y
mi presente, el polo positivo
de mi negatividad.
Eres mi locura, mi ambición,
mi vicio. La comida que me sacia,
la sed que me seca la garganta.