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22 jun 2011

Comienza el verano

Me limpio las gafas en la tela de las bermudas,
es la única prenda que llevo encima.
Caminamos a oscuras por los pasillos,
sin encender la luz.
Sólo alumbra a través de las persianas
la luz crepuscular, sobre las
formas sinuosas de nuestra piel.
Me toco, compruebo que soy de carne.
Vagamos por la casa, tranquilos.
Si nos cruzamos, sonreímos.
Parece que el sofá, o el balcón, o la cocina
son las únicas paradas del día.
Me recojo el flequillo.
Aprovecho la brisa que entra por el balcón,
lentamente, como indecisa, y respiro.
Huele a naranja, a nubes bajas,
a reflejos cálidos que anuncian el fin del día.

Me siento.
Empiezo a escribir en mi teclado. Mientras tú estás
en la habitación de al lado, viendo pasar el tiempo
con valentía, estoico.
Mis pies tocan el suelo templado,
el mismo que tú tocas unos metros más allá.
No sé a qué esperamos. Me siento seguro, dentro
de mis bermudas.
No sé si esperamos algo nuevo,
o quizá ya hayamos llegado allí.

30 may 2011

Otra vez ese sueño

Otra vez ese sueño:
Se cierran delante mía las puertas del futuro.
Me quedo aquí encerrado, en el ahora,
vagando en la rutina.
Soy mi única compañía, mis recuerdos
son mi único entretenimiento,
sólo "vivo" en el pasado.

Nunca veré un cambio de nuevo:
un amanecer, un invierno,
una tormenta, una respuesta...
Estoy aquí atrapado en el tiempo.

El sol está en las doce en punto
y la luz me persigue eternamente.
Echo de menos una tarde que refresque,
o un cielo que cambie de color.
Aquí en este laberinto los muros
llegan hasta el cielo.

"Un momento ¡No estoy solo!
¡Escucho algo por los pasillos!
¿Será el pasado, mi Minotauro?
¿Será la culpa? ¿El remordimiento?"

16 may 2011

Aquellas flores de invierno

No siempre es momento para la primavera.
Árboles caduca, animales que hibernan,
todos esperan pacientes a que llegue el verde,
el día, la vida victoriosa.

Sin embargo, hay veces que surgen flores espontáneas,
como retando al frío invernal a que se vaya.
Notas de color rebelde
en un panorama blanquinegro
que esgrimen su aroma veraniego con orgullo,
desafiantes. Flores de destino patético, heróico,
pues ninguna llegará a ver la primavera.
Ninguna vivirá lo suficiente para bañarse en sol,
ni en color, ni en verde. Su destino será distinto.
Ellas viven para el hoy, para el frío y la lluvia,
y la nieve y la ventisca. Se inmolan, tenaces,
por una causa última, más allá de la vida de ningún ser:
la belleza.
Se dejan ver, y mueren, cuando todos aún se esconden.
Cuando sus colores y su herencia en el aire despuntan más que el sol
y que la tierra mojada del invierno.

15 may 2011

Cosas que hacer mañana

El tiempo pasa más rápido
cuanto más tiempo nos robo;
cuanto más dura el silencio
que nos roba aquel abrazo.

Paso el tiempo, como inerte,
viejo, pobre y taciturno.
Sin hacer nada por hoy,
pensándolo hacer mañana.

Y aquí estoy pues, pensando.
Viendo moverse el reloj.
Sufriendo el ritmo monótono
que entierra mis esperanzas.

"Mañana lo haré, mañana"
Le contesto a aquel reloj
que va enterrándome el alma.

Besos en punta

No es amor la paz armada
-si se lleva la razón
la razón no es el amor-.
Si un abrazo está incompleto
no es amor, es otra cosa.
Dando abrazos al vacío
se va el tiempo, se marchita.
Y si un beso no es en flor,
eso ni es paz, ni es amor.

24 feb 2011

Al final

Y al final
cuando vayamos a la tumba,
nos llevaremos solamente
lo que somos.
Aquello que hayamos
conseguido, nuestros logros,
pero nada de equipaje.
No nos llevaremos los años,
sino los días vividos,
y las noches verano,
eternamente.
Cuando no haya luz ya
que nos haga abrir los ojos
ni alarma que nos despierte
de aquel sueño,
sólo valdrá el epitafio
que otros escriban de nosotros.
Sólo valdrán los sabores nuevos
que se probaron en vida,
y el amor.




19 feb 2011

Hasta la próxima

Ahora que ya te has ido,
que tú y tu avión alzáis el vuelo en solitario,
rodeado de todas las gentes del mundo.
Ahora que contemplas nuestra cama
desde la ventanilla, a kilómetros de altura.
Ahora que no me ves si giras la cabeza,
que volvemos a ser dos,
escucha lo que te pido:

Léeme bien, y lento, y claro.
Y no pierdas la música de lo que digo
(pues los gestos ya no valen)
Deshecha la gramática y la retórica,
no las he tenido en cuenta cuando escribía.
Olvida esos comienzos de cartas,
sus finales, todo lo que hayas oído ya.
Olvida la palabra fácil que empaña
aquello que te quiero decir.
Mira alrededor por un momento,
pero no me busques, no leas mis labios.
No me leas como se lee un poema,
ni digas en silencio estas palabras.
Y si hace falta, léeme sólo una vez,
y tira este papel desde ahí arriba
(aquello que recuerdes,
será sólo aquello que te dije).
Pero sobre todo no idolatres un papel,
ni estos tristes símbolos tipográficos.
No quiero que sea tu vista, ni tus dedos,
aquello que me grabe en tu memoria.

Léeme bien, y lento, y claro:
Mira hacia arriba, y respira,
observa la cabina donde vuelas.
Ve pasar las nubes cerca tuya,
imagina que las tocas con tus dedos,
y haces música con ellas.
Disfruta del sol pálido del crepúsculo,
que se va como te vas tú, y disfruta
de la seguridad de saber
que mañana saldrá de nuevo.
Relájate sobre tu asiento,
acaríciate.
Degusta, traga tu saliva.
Comprueba de nuevo que estás
en este mundo, que sigues vivo.
Siente que tu ropa, tus zapatos,
no son apéndices tuyos, de tu cuerpo.
Mira las caras de los demás en el avión,
busca en ellas la belleza.
Pregúntate cuánto más afortunado
eres tú que ellos.
Pregúntate cuánta más belleza
llevas tú contigo.

Sé consciente de las cosas bellas
que siempre te acompañan,
y entonces, dime si en tu cuerpo
y las cosas que te acompañan para
la eternidad
-en tu belleza, en tu fortuna,
en las nubes del cielo, o tu saliva-
hay un espacio eterno para mí.